Nunca he entendido cómo la ausencia llena todos los espacios, desde esquina a esquina, de piso a techo.
No solo eso, también es pesada, transparente pero notoria. Puedo ver la cocina llena de recuerdos, una sala que antes no era así, tenía distintos muebles, otros cuadros y otras personas.
La mesa no era rectangular, era redonda. El cuarto estaba en el segundo piso, ahora se encuentra en el tercero. La sala ahora es otro cuarto, y puedo notar que es el mismo lugar, es el mismo espacio, pero tan distinto.
Recuerdo cada vez que preparó mi comida favorita, con un sazón que no podré encontrar en ningún lugar, porque no solo es el condimento, también es el tiempo, la atención y el cariño.
Cualquier consejo que viene del deseo de vivir una vida mejor, más estable, más en paz, no te lo dan todos, y es una realidad que es un tiempo valioso que se dedica solo a personas que quieres ver bien.
Aprendí que donde hay amor, siempre estará la puerta abierta y no queda nada más que agradecer. Quizás la ausencia nunca se vaya, pero lo que ahora veo azul, un día será dorado.