Mentira

Parte 1: El jardín Amarillo
Parte 2: Pizzas en los arcos
Parte 3: Dominó
Parte 4: café
Parte 5: Piedra amarilla
Parte 6:Teko
Parte 7: Oikonos
Parte 8: El volcán

Esta es la parte 9.

Guillermo y Luis estaban viendo una película de terror, acurrucados bajo una cobija. El cuarto de Luis se encontraba medio oscuro, únicamente iluminado por las escenas de día de la película o por los relámpagos de la lluvia que con sus gotas azotaba las ventanas que se encontraban cerradas. Las manos de Luis se aferraron al brazo velludo de Guillermo, quien lo acercó lo más que pudo en cada escena que sabía podía asustarlo y hacer gritar del susto a Luis.

El olor a comida chatarra, helado, refresco y pizza se encontraba en el aire, aunque podría sonar algo extraña la combinación de olores, aquellos dos eran felices. En el clímax, Luis no paró de brincar del susto mientras Guillermo, sin darse cuenta, dibujó una sonrisa en su rostro por lo mucho que le generaba ternura su reacción, no fue hasta que Luis gritó y de un salto tiró las palomitas sobre Guillermo, que él soltó las carcajadas mientras Luis, rojo como un tomate, las recogía disculpándose entre risas nerviosas.

Pero la mejor parte, fue cuando terminó la película.

Ambos se acostaron hablando del final, mientras Luis, con su playera holgada y shorts sueltos, acomodó su cabeza en el pecho de Guillermo, quien tenía una playera de Pokémon algo desgastada por uso. Guillermo empezó a acariciar el cabello de Luis, quién siguió hablando de lo increíble que fue la escena en la que el villano se salió con la suya.

Guillermo lo escuchaba con atención, mientras después pasó su mano a los brazos de Luis, para recorrerlos con sus dedos, de manera suave y delicada. La piel de Luis se erizaba con cada trazo invisible que hacía Guillermo, y temblaba por los nervios que le recorrían todo el cuerpo, hasta que sin darse cuenta, ambos se quedaron en silencio, disfrutando su cariño.

Guillermo se acercó a Luis y comenzó a decir su nombre «Luis, pequeño… Luis»

«Luis, Luis, despierta. ¿Estás bien?» Preguntó Guillermo. Luis abrió poco a poco sus ojos y encontró el rostro de Guillermo, quien lo observó desde un costado por encima de él. «¿Qué pasó?» Preguntó Luis con una voz casi inaudible. Guillermo lo tranquilizó y después de un suspiro de alivio, se movió, se sentó al lado de Luis y dijo «Nada grave, pequeño. Dejaré que te recuperes y te cuento. ¿Tienes sed?»

Luis observó el lugar y no comprendió bien dónde se encontraban. Parecía que estaban rodeados de unos arbustos enormes o paredes con enredaderas hasta el tope. Cada muro parecía el triple de alto que cualquier edifico de 6 pisos. Luis se incorporó, sintió la tierra con sus manos y sentado preguntó «¿Dónde estamos?»

Guillermo le pasó una botella con agua y mientras Luis tomó, aprovechó para explicarle que se encontraban en una especie de cuarto sin techo. «Aunque los arbustos no eran tan altos. Cuando llegamos aquí, no tenían más de 5 metros de altura» comentó, y le contó que él intentó saltar para ver cómo salir de ahí, y que cada vez que estaba apunto de llegar, los muros no hacían nada más que crecer. «Y ahora parece que son más altos, quizás más de 20 metros de altura.»

Luis notó que le dolían sus brazos, que sintió una molestia en su espalda. Intentó levantarse pero el mareo hizo que no pudiera hacerlo solo, por lo que Guillermo se acercó a él para ayudarlo y una vez ambos parados, Luis observó mejor aquel lugar, dándose cuenta que no había una puerta, ni un pasillo, sólo 6 muros verdes que los rodeaban. El piso era tierra con pasto en ciertas partes, y el cielo, un azul oscuro, casi negro, cómo si fuera de noche. Luis giró su mirada y solo se confundió más, por lo que preguntó «¿Qué hacemos aquí? O ¿Cómo llegamos aquí?»

Guillermo abrió sus ojos lleno de sorpresa, se quedó viendo fijamente a Luis y le respondió con otra pregunta «¿Qué tanto recuerdas?»

Luis empezó a tratar de recordar, hasta que le llegó la memoria de un sonido ensordecedor, el cual lo llevó a recordar la erupción del volcán. «Estábamos en la punta del volcán, pedí mi deseo y explotó, salimos volando de ahí ¿no?» Guillermo se quedó esperando a que Luis continuara, por lo que Luis trato de recordar pero no pudo, a lo que le preguntó «¿Qué ocurrió?»

Guillermo suspiró y comenzó a explicar «Verás…»

Le explico cómo ambos estaban cayendo desde el cielo, cada vez con más y más velocidad. Luis se aferró lo más fuerte que pudo a Guillermo y él también, descendieron abrazados mientras Guillermo mantenía un escudo invisible al rededor de ellos, el cual impidió que fueran golpeados por las rocas que el volcán aventó desde su erupción.

Como Guillermo detectó que Luis estaba asustado, hizo que el escudo silenciara los sonidos exteriores de manera bastante efectiva, ya que lo único que se escuchó era del aire golpeando su ropa, lo que no pudo evitar sentir fue el calor provocado por la erupción del volcán.

Una vez que atravesaron el humo y estaban a la altura media del volcán, ambos tomaron una gran bocanada de aire, y Luis le dijo a Guillermo en el oído «Tengo miedo» a lo que Guillermo le respondió también al oído «Todo estará bien, tranquilo, estás conmigo.»

Cuando estaban a punto de caer sobre el mar, con un movimiento de su mano generó un impulso de aire que hizo que ambos fueran disminuyendo su velocidad hasta que cayeron al agua. Luis y Guillermo trataron de asomar sus cabezas por encima del mar, mientras el volcán con su erupción había generado un espectáculo terrorífico que cubrió los cielos de humo. La temperatura comenzó a descender y por alguna razón, el mar se sintió más frío que de costumbre.

Luis tenía la adrenalina de todo lo que sucedió a causa de su deseo. Temblando, trató de mantenerse a flote con sus pies y brazos, pero por la rapidez de los latidos de su corazón, era casi imposible para Luis no estar agitado y sentía falta de respiración en sus pulmones. Guillermo se acercó a él nadando y le comentó que estuvieran juntos ya que él lo llevaría al barco, Luis, sintiendo mucho el cambio de temperatura en su cuerpo, le sugirió impulsarlos con magia, por lo que Guillermo empezó a decir unas palabras inaudibles. Luis sintió como algo movió su pierna, por lo que se aferró más a Guillermo. El mar se sentía agitado, vibrante, frío y caótico. Guillermo empezó a elevarse, tomó de la mano a Luis, cuando a lo lejos vio como una aleta de tiburón se asomó por arriba de las olas, nadando directo hacia Luis. «¡Agárrate bien!» Gritó Guillermo, mientras que con todas sus fuerzas lo empezó a sacar del agua, sin embargo, fue tarde.

Luis comenzó a gritar del horror al sentir cómo el tiburón lo estaba jalando y comenzó a moverse, lo cual Guillermo no quería poner tanta resistencia a miedo de que el tiburón lo estuviera mordiendo fuerte. Guillermo por arriba del aire trataba de no soltar a Luis, cuando dos aletas más se asomaron por arriba de las olas y saltaron hacia Guillermo, provocando que se soltaran y el tiburón que tenía agarrado a Luis por la pierna, nadó hacia lo profundo del mar, por lo cual ambos se separaron.

Luis se encontraba bajo el agua, con gritos ahogados y con el corazón frenético hasta que dejó de sentir el jalón del tiburón y en su lugar, escuchó una voz en su mente que dijo «Tranquilo, humano, tranquilo, no te mordí. No te haré daño, puedes estar tranquilo.» Luis pensó que estaba perdiendo la cordura, cuando volvió a respondió la voz «No la estás perdiendo, soy el tiburón, haré dos vueltas al rededor de ti para que me creas». Dicho y hecho, el tiburón dio dos vueltas mientras Luis lo observó con incredulidad y después se dio cuenta que estaba respirando bajo el agua. «No, humano, no estás respirando bajo el agua, te generé una burbuja de aire al rededor de tu cabeza con tus gritos» Luis no entendía nada, y el tiburón que estaba atento a cada pensamiento de Luis respondió «Eres brujo de nacimiento, como brujo nos puedes entender a nosotros, solo que muchos brujos no lo saben, porque preferimos que no lo sepan.» Luis recordó a Maya y al amigo de Laura, Víctor, ya que ellos interactuaron con gatos. «Justo así, humano. Nosotros, lo que ustedes llaman animales, podemos comunicarnos con los brujos. Es a decisión nuestra. Entre otros temas, debo llevarte a otro lugar, para que puedas cumplir tu deseo.» El tiburón se puso a un lado de Luis, quien lo tomó de la aleta y juntos empezaron a descender aún más, mientras el tiburón siguió comunicándose «Te agregaré una protección invisible para tu cuerpo, ya que tu cuerpo no está hecho para nuestro mundo.» Dicho y hecho, Luis sintió como si estuviera usando una armadora pesada en su espalda, después sintió como unas cuerdas lo ataban al cuerpo del tiburón. Giró lo mirada para ver arriba pero no logró ver más que luz difuminada. El tiburón entendió lo que estaba buscando Luis, por lo que le dijo «le diré a mis compañeros que le avisen al otro humano que estás a salvo» dijo el tiburón en la mente de Luis, quien preguntó «¿No podemos ir por Guillermo?» Y el tiburón le respondió «No hay tiempo, agárrate bien»

Luis se montó encima del tiburón, pego su cuerpo y sujetó la aleta con sus dos manos. El tiburón comenzó a nadar y se fueron. A primer jalón, Luis agradeció contar con las cuerdas porque le era complicado agarrar al tiburón por la aleta a tanta velocidad.

Para Luis fue muy extraña la sensación de la armadura, ya que sentía como el agua generaba una resistencia y tenía que hacerse para adelante. Hubo momentos en los que perdió la noción de su ubicación y desconocía si estaba de cabeza, lo cual lo llegó a marear pero el tiburón bajó la velocidad cada que Luis pensaba en lo mareado que se encontraba.

En el viaje Luis vio millones de peces de todas las formas, así como varios animales acuáticos que desconocía. Por un momento Luis había olvidado todo y se quedó maravillado con todos los colores del mar, aunque entre más profundo iban, notó que eran más grandes los animales, y el miedo comenzó a entrar en su cuerpo, tanto que sintió un vacío de preocupación en su estómago. «Tranquilo, humano, llegarás sano y salvo» Aunque llevaban un rato juntos, Luis seguía sorprendido de poder hablar con un tiburón, por lo que le preguntó cómo es que sabía el idioma de los humanos y por qué español si estaban en Alaska, a lo que el tiburón respondió «No sé su idioma, la magia está haciendo todo el trabajo. Tú me entiendes en tu lenguaje y yo te entiendo en el mío.» Luis no entendió del todo y dudó poder hacerlo, pero le surgió la duda si el tiburón había hablado con otra persona, a lo que él respondió «No, eres el primer humano. Solo lo estoy haciendo por Maya, no puedo decirle que no a esa increíble mujer». Luis se quedó pensando por un momento sobre Maya y se dio cuenta que no podía verla como un Oikono, más bien, la veía como un humano. A lo que el tiburón respondió «Con los Oikonos es algo complejo, algunos animales los odian, otros se llevan bien, pero todos los respetan. Yo también los odio, pero Maya es diferente, siempre nos ha tratado bien y se va a jugar con nosotros de vez en cuando. Además, luego nos trae unas galletas acuáticas deliciosas que ella nos prepara, me encantan. Desde que la conozco aumenté mucho de peso» Luis sintió curiosidad sobre las galletas y después al escuchar lo último respondió «Pues yo te noto muchísimo en forma» lo cual el tiburón dijo «Gracias por notarlo, humano, he estado haciendo ejercicio.»

Luis siguió sorprendido de las maravillas del océano, además que no sentía ni frío ni calor, solo una temperatura ambiente dentro de su armadora invisible. Se quedó tan perdido observando el mar que de manera inconsciente llevó sus manos a su collar, la piedra amarilla, la agarró fuerte y pensó en Guillermo, y en como le gustaría estar ahí con él.

Continuaron platicando hasta que el tiburón notó la presencia de algo que los estaba siguiendo. «Te pondré más cuerdas, humano, ya estamos por llegar pero iré más rápido»

El tiburón avanzó más rápido, pero una onda de calor se empezó a sentir al rededor del tiburón y Luis, el tiburón no entendió de dónde salía esta presencia, pero entendió que no venía en paz. El tiburón comenzó a darle indicaciones a Luis «Algo está siguiéndonos, y creo va a atacar, debes sujetarte fuerte, ya casi llegamos.» Luis hizo lo que se le indicó pero buscó a su alrededor para identificar algo que estuviera por atacarlos, pero solo vio que todos los animales acuáticos se alejaron de ellos, no fue hasta que sintió un jalón en su brazo derecho que volvió a concentrarse, se aferró al tiburón y éste se hizo hacia la izquierda. «Luis, crearé un espacio eléctrico al rededor de nosotros, si algo se vuelve a acercar, lo veremos.» Dicho y hecho, empezó a sonar como algo se impactó en el costado izquierdo del campo eléctrico, pero no sé vio una forma conocida, sólo mini rayos del impacto. Acto seguido, empezaron a ser atacados desde varios ángulos, cómo si quisieran romper dicha barrera. El tiburón decidió incendiar el campo y se formaron anillos flameados que empezaron a girar alrededor de ellos. Luis jamás había visto fuego en el agua, y menos unas flamas como aquellas, que eran moradas brillantes y claras.

Luis pensó que así los dejarían de atacar, sin embargo, aquello pareció enojar aún más a lo que los estaba atacando. Varias bolas de fuego azul empezaron a caer de varias partes, la mayoría golpeando la barrera que rodeaba a Luis. Un calor insoportable empezó a sentirse en el agua y el tiburón estaba confundido «No entiendo qué nos está atacando, pero es fuerte, y no puedo gastar energía en atacar, pero mi defensa no está logrando detenerlo.» Luis sintió un miedo recorrer sus huesos mientras comenzó a pensar en qué podrían hacer para salir vivos, cuando los anillos de fuego morado se rompieron y se apagaron, no tardó segundos cuando Luis sintió como algo lo estaba jalando de las cuerdas que lo unían al tiburón.

«Ya casi llegamos, un poco más» dijo el tiburón mientras Luis, con su corazón latiendo con fuerza y miedo, intentaba mantenerse aferrado al tiburón. «Ya estamos llegando, vamos a pasar por arriba, yo no podré entrar pero daré una vuelta boca arriba y te soltaré. Debes dirigirte al punto que brilla.» Luis seguía luchando pero preguntó «¿Y qué pasará contigo Sr. Tiburón?» «Sr tiburón, nunca nadie me había dicho así. Me gusta. Yo estaré bien, huiré de lo que sea que nos está atacando… Gracias por pensar en mí, pero no te preocupes… Sr. humano.»

Entre bolas de fuego azules que cayeron al rededor, el tiburón llegó al punto brillante, giró y nado boca abajo, soltando a Luis, pero Luis no cayó, y el tiburón se dio cuenta que lo que los estaba atacando lo tenía agarrado, por lo que le avisó a Luis que se preparara, nado en dirección a él y con su aleta caudal los golpeó en dirección a lo brillante.

El plan funcionó, ya que Luis fue directo al punto brillante, aunque quedó inconsciente por la fuerza del golpe del tiburón.
«Mucha suerte Sr. Humano»

«Entonces el tiburón te tenía secuestrado y yo intenté asustarlo con fuego. Cuando por fin te dejó ir, te agarré y estaba por llevarte conmigo, cuando el tiburón nos golpeó y caímos aquí.» Respondió Guillermo.

Luis recordó todo y le respondió «con que tú eras el que nos estaba atacando.» A lo que Guillermo se defendió «¿Atacando? ¡Te estaba salvando la vida!» Luis se acercó, lo abrazó, le agradeció por querer ayudarlo y le explicó todo lo que había sucedido, como el tiburón en realidad lo estaba llevando para el siguiente paso designado por los oikonos.

Al escuchar la historia, Guillermo se alteró, se enojó y le reclamó «No inventes Luis, pensé que, pensé que.. que te había pasado algo, que te habías ahogado, que… Que te había perdido» Luis se sorprendió ante tal respuesta tan directa y honesta de su parte y se disculpó, a lo que a qué Guillermo, tratando de aguantarse las lágrimas y bajar su enojo, respondió «Ya no importa, tenemos que ver cómo salir de aquí. ¿No te dio alguna indicación el tiburón?» La respuesta sacó de onda a Luis, ya que en las veces que se habían visto, jamás le había hablado de una manera tan fría, y aún cuando sus palabras antes fueron dulces, se sintió una diferencia. Luis decidió no responder con voz, por lo que solo negó moviendo su cabeza.

Después de unos minutos de estar observando, decidieron caminar al rededor del espacio limitado en el que se encontraban. Guillermo rodeo hacía la derecha y Luis a la izquierda.

Tenían varias dudas, además de la principal que era encontrar la manera de salir, se preguntaron dónde estaban. Cada que veían al cielo, sólo veían oscuridad, además que estaban respirando aire, así que habían llegado a otro punto del mundo, pero a dónde. Luis sentía aire frío y la incomodidad de estar al lado de Guillermo lo hizo sentir mal, pero debían enfocarse, y prefirió ignorar todo hasta encontrar la manera de salir de allí. Una vez que se volvieron a topar, Guillermo dijo «Parece que no hay manera de meterse en los arbustos, tampoco hay algún botón escondido. ¿Encontraste algo?» Luis, sin mirarlo a los ojos y tratando de fijar su mirada en cualquier otro punto, respondió «Tampoco encontré algo útil.» Guillermo sintió la diferencia en la que Luis estaba hablando, y cómo estaba evitando su mirada, por lo que preguntó «¿Todo bien?» A lo que Luis, sin mirarlo, mintió «Sí, todo bien, ¿Por?»

En ese momento ambos cayeron al suelo por un movimiento brusco del suelo, mientras que uno de los muros enormes se abrió por la mitad, dando acceso a un pasillo. Ambos no pudieron levantarse hasta que dicho muro-arbusto y el suelo dejaron de moverse. Guillermo se levantó, le tendió la mano a Luis para ayudarlo, a lo que él le agradeció y preguntó «¿Por qué crees que se haya movido?» Guillermo respondió «No lo sé, pero, sigamos el camino, quizás así podremos salir de aquí, de igual manera no hay otra opción.» Luis se acercó el pasillo, se asomó y vio que estaba largo, y poco iluminado, Guillermo se dio cuenta que Luis estaba un poco asustado, por lo que le sonrió y le preguntó ¿Quieres que vaya primero o prefieres que vaya atrás de ti?

Luis se quedó pensando y pensó que la mejor decisión era ir adelante, por si algo atrás los empezaba a seguir. Tomó aire, se armó de valor y comenzó a caminar. Guillermo lo siguió de cerca, mientras recorrieron aquel largo pasillo, no fue hasta que ya iban a mitad de camino que notaron que no sentían aire atrás de ellos. Luis volteó y se dio cuenta que tenían el muro arbusto cerrado, atrás de ellos, lo cual lo confundió y se preguntó por qué se cerró, además, ¿No habían avanzado nada? Guillermo comenzó a tocar el muro arbusto y después giró al camino del pasillo que se veía infinito, tragó saliva y comentó «No sé qué está pasando, según yo hemos caminado por más de media hora.» Luis respondió «Debe haber una manera en que podamos darnos cuenta si estamos avanzando. ¿Puedes generar o crear algo como tiza? Podríamos marcar el suelo.» Guillermo negó su cabeza y respondió «No creo que funcione, ya que la magia para ser efectiva, toma forma de objetos existentes a los elementos que existen en la zona en la que te encuentras.» Luis se confundió y sin pensar, preguntó «¿Entonces la magia requiere de material?» A lo que Guillermo asintió y explicó «Cómo con el volcán, se necesitaron elementos que ayudaron a qué sucediera la erupción.» Luis volvió a preguntar «pero hace rato dijiste que habías lanzado las bolas de fuego, estábamos en el mar.» Al que Guillermo respondió «Lo que es agua, aire, tierra y fuego, al ser elementos, la magia nos permite realizarlo sin problema en cualquier lugar, dependiendo qué tan avanzado estés en tu magia, incluso hay cursos. Pero, por alguna extraña razón, en este lugar no puedo. Hace rato quise hacer una fogata para ti… no pude.» Luis le dijo que no se preocupara y se quedó pensando.

Luis volteó al arbusto y tuvo una idea. Se acercó, arrancó varias ramas y clavó una en el suelo a la mitad del pasillo. «Si avanzamos, deberíamos de perder de vista las ramas» Guillermo sonrió y dijo «Eres un genio, sigamos» Luis se sonrojó, Guillermo le agarró la mano y comenzaron a caminar. Cada 10 pasos paraban, enterraban una rama y volteaban para ver si seguían las ramas. Al momento llevaban 5 ramas y todas seguían siendo visibles, aunque lo mismo les dio la sensación que el pasillo no tenía fin, pero siguieron avanzando.

Decidieron platicar sobre música, cantar algunas canciones en lo que seguían caminando. Después de varias ramas arrancadas del muro arbusto y agacharse para enterrarlas, Guillermo y Luis comenzaron a tomar turnos. Después de lo que sintieron como horas, Luis y Guillermo comenzaron a sentirse perdidos. Al voltear veían el camino casi infinito de ramas que habían dejado, por lo que les dio la sensación que los primeros minutos antes de ver qué se había cerrado, en realidad no habían avanzado nada. Poco a poco ambos se quedaron callados, repitiendo el agacharse cada diez pasos y arrancar ramas cuando se les acababan, poco a poco empezaron a sentirse fatigados.

Después de un rato, Guillermo pidió que descansarán un rato y se sentaron en el suelo. Luis se sintió culpable, y sin poder evitarlo le dijo «Discúlpame, lamento que te encuentres en esta situación conmigo.» Guillermo abrió los ojos como platos y respondió «No te disculpes, lo haría mil veces más de ser necesario.» Luis comenzó a tener lágrimas en los ojos, tanto por el cansancio como por toda la situación en general, y como el adolescente de 16 años que era respondió «Pero admite que te gustaría no estar aquí» Guillermo respondí «Todo lo contrario, me encanta estar contigo.» Luis siguió «Pero estar conmigo te llevó aquí, a este problema. Admite que no quieres estar aquí» Guillermo continuó «Claro que quiero estar aquí.» Y Luis supo que Guillermo le estaba mintiendo.

En ese momento, la tierra volvió a moverse y el muro arbusto que se encontraba a un costado se separó, dejando otro acceso a un nuevo pasillo. Luis, a media lágrima, pensó en qué la primera vez que apareció el pasillo, él había mentido y ahora que sintió que Guillermo mintió, se había vuelto a abrir. Guillermo, quién se había levantado para ver aquel pasillo, volteó a Luis y le dijo «Hay algo que hacemos sin saber que nos está abriendo un camino»

Luis no quería compartir su teoría, pero no tenía otra opción, por lo que le dijo «Tengo una idea, creo… Creo, creo que es cada que mentimos.» Guillermo volvió a abrir los ojos como platos y preguntó «¿A qué te refieres?’ Luis lo vio a sus ojos, se levantó y le explicó «La primera vez que apareció el pasillo me preguntaste si yo estaba bien, no lo estaba pero dije que sí y en ese momento se abrió. Ahora que yo te insistí en que admitieras que no querías estar aquí, dijiste que sí… y se abrió.»

Guillermo, sin saber qué decir, quizo debatir la idea pero la verdad es que sí le mintió y Luis se había dado cuenta, por lo que antes de cualquier cosa, le aclaró «No es que no quiera estar contigo, me encanta estar contigo. Pero, me imagino que nadie le gustaría estar en un pasillo sin fin, clavando ramas, con sed y tanta oscuridad.» Luis comprendió a lo que se refería pero, se sintió mal porque era por él que Guillermo se encontraba allí. Guillermo notó que Luis seguía inseguro, sin ánimos, por lo que continuó «Pero que quede claro, disfruto cada segundo que puedo verte y escucharte. «

En ese momento la tierra se volvió a mover, Luis se cayó al suelo con los ojos abiertos, llorosos y se llevó una mano a la boca, pensando que Guillermo acababa de mentir de nuevo. Guillermo por otra parte, estaba confundido y dijo «juro que no mentí, es la verdad.» No fue hasta que el pasillo se cerró, que se pudieron levantar.

Guillermo, confundido no sabía qué hacer. Luis, decidió aguantarse, se levantó y con voz llorosa respondió «estoy bien». La tierra volvió a sacudirse, ambos se inclinaron al suelo y se abrió el pasillo. En ese momento Guillermo comprendió y respondió «Si dices una mentira, se abre el camino. Si dices la verdad, se cierra.» Luis, al darse cuenta de lo transparente que se vio al responder que estaba bien, se sintió vulnerable. Guillermo se acercó y dijo «Te lo probaré». Lo agarró de ambas manos y le dijo «Me gustas, quiero pasar el resto de mis días contigo, pero no te lo había dicho antes porque no quería verme intenso, pero es verdad, me gustas.»

Dicho y hecho, la tierra se sacudió, cayeron juntos al suelo y el muro volvió a cerrarse. Luis, quien tenía un mar de sentimientos en su pecho y con lágrimas en sus ojos, preguntó «¿De verdad me quieres?» Guillermo se acercó, lo agarró del rostro y le confesó «Me encantas» y le robó un beso. Luis se sonrojó, con los ojos abiertos sin saber qué hacer, sin tiempo de responder el beso, la tierra volvió a sacudirse, el aire los envolvió sin dejarlos ver y sin darse cuenta, estaban otra vez donde empezaron, dentro de los 4 muros altos.

Luis se paró, se limpió las lágrimas y sonrió, al darse cuenta que Guillermo había dicho la verdad. Guillermo, también sonrojado, se quedó viendo a Luis, quién se acercó a él, y le respondió «Yo, desde la primera vez que te vi y no ha hecho nada más que aumentar. Yo, a mí, me, me gustas.» Guillermo se emocionó, se levantó y lo volvió a besar, sólo que ésta vez Luis lo besó de vuelta.

El aire los volvió a envolver, pero ésta vez no sé separaron,siguieron abrazados perdidos en el beso. Poco a poco el laberinto desapareció, hasta que se encontraron en un cuarto oscuro, el suelo se sentía como metal frío.

No fue hasta que escucharon el sonido de unos tacones aproximándose, que se separaron del beso. Se quedaron viendo a los ojos y sonrieron. Guillermo lo tomó de la mano, se levantaron y con la otra mano libre, intentó prender fuego y funcionó, una bola de fuego se formó florando en la palma de su mano. Ambos trataron de escuchar de dónde venía el sonido de los tacones, listos para enfrentar juntos cualquier cosa que viniera contra ellos.

Siguiente parte: La cabaña

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