Parte 1: El Jardín Amarillo
Parte 2: Pizzas en los arcos
Parte 3: Dominó
Parte 4: Café
Parte 5: Piedra Amarilla
Parte 6: Teko
Parte 7: Oikonos
Esta es la parte 8
“¡¿Cómo que despertar un volcán?!” Preguntó Luis. Maya sonrió y confirmó “Escuchaste bien, despertar un volcán. Es uno de los mandatos que tienen los Oikonos. Nos reunimos cada que ocurre una erupción de agún volcán, ya que suele significar que hay energía mágica acumulada que no ha sido contenida y debemos arreglarlo.” Maya terminó su sablemaul y continuó “Cada erupción es como cualquier martes. Uno piensa que ser yo tiene sus beneficios… Y sí los tiene pero, también sus responsabi-” Maya no terminó la palabra, volteó a ver a Guillermo y respondió con voz seria “Alguien está escuchando nuestra conversación. Debemos irnos.”
Al terminar de decir aquello, Maya tomó la mano de Guillermo, y él acercó a Luis, abrazándolo y protegiendo su cabeza que se quedó en el pecho de Guillermo. Maya empezó a mover su boca sin emitir algún sonido y sin más, desaparecieron, dejando en la mesa nada más que el dinero de la cuenta.
Luis sintió un salto en el estómago, cómo vértigo, juró ver fragmentos de Morelia a sus pies y decidió cerrar los ojos, ya que lo menos que quería era vomitar sobre la camisa de Guillermo; Lejos del restaurante, en el patio de una casa en Morelia, se dibujó un círculo morado en el césped, en el cual en un abrir y cerrar de ojos, Guillermo, Luis y Maya aparecieron acostados.
“¿Qué ocurrió?” preguntó Luis, Maya los volteó a ver y sorprendida respondió ”Vaya Luis, no sabía que eres de estómago fuerte, la primera vez que yo utilicé el círculo de tele-transportación vomité.” Maya se levantó, se sacudió sus pantalones oscuros y continuó “Tuvimos que irnos porque había alguien que estaba escuchando y sé que no era humano, ya que no podía descifrar su composición.” Luis se levantó del césped y preguntó “¿Existe algo más que los humanos y brujos?” Maya respondió “Sí, los perdedores” a lo que Guillermo corrigió, riéndose “No se llaman así, pero ya habrá tiempo de explicarte, pequeño. Maya, ¿Dónde estamos?”
Antes de responder, dos gatitos los interrumpieron con maullidos desde la puerta del patio de una casa de dos pisos. Uno era blanco con manchas grises y ojos plateados, el otro gato era completamente negro con ojos dorados. Maya sonrió y respondió con voz infantil “Gracias por la bienvenida, pequeños, y por permitirnos entrar a la casa.” Los gatos maullaron, dieron media vuelta y entraron a la casa. Maya caminó atrás de ellos pero se detuvo antes de entrar. dio medio giro y dijo “síganme, nos están esperando”.
Guillermo se puso atrás de Luis y con sus dos manos lo empujó suavemente de los hombros, caminando juntos de esa manera siguieron a Maya y entraron a la casa. Luis sintió su corazón latir, no solo por la situación que le pareció tan extraña, más bien, era por la forma en que Guillermo lo estaba agarrando de los hombros, Luis quería aprovechar al máximo toda la interacción cercana posible, así que decidió no decir nada y seguir la corriente, de igual manera seguía intentando digerir todo lo que había escuchado.
Una vez dentro, llegaron a la sala, Luis y Guillermo observaron el estilo de la casa. Las paredes eran blancas llenas de cuadros de fotos, pinturas y posters de películas de terror. Maya se sentó en uno de los 3 sofás que había. Los gatos sobre el respaldo, atrás de ella y movieron su cola de un lado a otro, lamiendo sus patitas. Guillermo y Luis decidieron sentarse juntos en el segundo sofá que era de dos personas. “¿A quién estamos esperando, Maya?” Preguntó Guillermo, a lo que una voz grave respondió “A mí.”
Los tres voltearon a la puerta que se encontraba cerca y encontraron a un chico de cabello oscuro con luces rosas, un tatuaje ligero de media luna en la frente y sus ojos eran los más oscuros que jamás había visto Luis. Maya sonrió, se levantó para abrazarlo y saludó “Vic, me alegra verte.” Victor volteó a ver a los dos chicos y preguntó “¿Quién de esos dos es el hijo de Laura”? A lo que Luis estaba a punto de responder, pero Víctor continuó riendo “Es broma, ya sé quién eres Luis. Yo soy Víctor, amigo de Lau, estoy seguro que ya te ha contado de mí.” Luis abrió su boca ante la sorpresa, Víctor se rió y continuó “Tranquilo, lo sé todo. No tenemos tiempo qué perder”
Victor, con su playera negra sin mangas y su collar con una calavera colgando, caminó a una mesa blanca y colocó sus manos en la misma. Esta comenzó a brillar hasta que apareció un mapa dibujado color negro, con líneas rojas que marcaron varios volcanes al rededor. Guillermo, Maya y Luis se acercaron a la mesa para ver cerca, y Víctor explicó “La idea es despertar un volcán que no genere un tsunami, un terremoto o cualquier desgracia que afecte la vida de los humanos.” Luis tenía muchas preguntas y Víctor, como si leyera la mente, lo volteó a ver y respondió “No puedo resolver tus dudas, sólo tienes 3 días para hacer esto.” El gato negro empezó a caminar rodeando las piernas de Víctor y comenzó a ronronear.
Victor se agachó a acariciar al gato y le habló “Lo sé, Tulipán, no me saltaré la parte de la decisión de Lau.” El otro gato blanco maulló y Maya saltó “Qué grosero, Fede, estos pantalones me gustan. Sé que no te gusta el color pero a mí sí.”
Luis se quedó atónito, sin saber si estaban bromeando pero preguntó “¿Están hablando con los gatos?” A lo que Víctor respondió “Así es, cómo brujos podemos entenderlos. Es una de las maravillas por las cuales me convertí en uno.” Maya se quedó viendo el mapa y con su mano que tenía varias pulseras de oro señaló un volcán. “Este se ve bien, no afecta el círculo de fuego, así que todo estará bien con Miami o la falla de San Francisco.” Victor vió el volcán y respondió “Me encanta la idea.” Los dos asintieron y voltearon a Luis. Maya dijo “Luis, sé que quieres hacer esto, pero antes debes saber algunos riesgos.” A lo que Luis respondió “En realidad no estoy seguro de querer escuchar el riesgo, tan sólo con el volcán tengo. Sólo quiero salvar la memoria de Lau, así que entre menos sepa, es mejor.” Victor dijo “Es importante que nos escuches, ya que no puedes solicitar una excepción si no sabes qué inició la situación y lo que conlleva el que se realice la excepción.”
Entre más hablaron del tema, Luis sintió más angustia por la gravedad de la situación, por lo que su mente empezó a cerrarse, a no querer entender de razones, pero vio a Guillermo y él le dijo “Pequeño, es importante.” Así que Luis asintió y Víctor relató
“Ya sabes la parte de la memoria, lo cual sería el efecto secundario de estar conciente de la magia por 16 años, sin ser bruja. Ahora, Laura aceptó hacer esto porque ama a su hermana y a ti desde el momento en que te tuvo en sus brazos.” Vic se detuvo unos segundos para agarrar un vaso, lo llenó de clericot que tenía guardado en el refrigerador y continuó “Pero al hacer eso, no solo sacrificó su memoria. También sacrificó amor, ya que decidió no estar con nadie, porque sabía que ella perdería su memoria y no quería que eso lo viviera el hombre que tanto amó.” Luis retrocedió con su cabeza y preguntó “¿El hombre que tanto amó?” Y Víctor respondió “Así es, un joven que le llevaba serenatas todos los martes, aun cuando ya no eran novios, hizo de todo por recuperarla.”
Luis sintió una ola amarga en su corazón, un sentimiento de culpa, recordó cuando su mamá hizo los cambios de cuarto, y entendió la verdadera razón por la que Laura decidió hacerlo. Maya se quedó viendo a Luis y dijo “No te sientas mal, es decisión de Lau y sé que lo haría mil veces más.” Victor complementó “Para ella no fue un sacrificio, ni lo pensó dos veces. Pero los Oikonos respetan el balance, la equivalencia. Por lo que, si pedirás está excepción, puede que ellos te pidan un sacrificio de la misma magnitud.”
“¿Qué podrían pedir?” Le preguntó Luis a Maya, quién respondió “Se llega a un consenso, así que, lo que haga sentido para todos nosotros, incluyéndome.” Víctor continuó “Es por ello que debías saber esto, porque no sabemos qué pueda ser, pero 16 años de memoria y no estar con el hombre que ama, es algo importante.” Guillermo se mostró preocupado y replicó ”No sabía que los Oikonos pedían intercambio” a lo que Maya explicó “Todo tiene un balance. No puedes recibir algo sin dar algo a cambio.”
Luis vió el volcán que señaló Maya, después a Víctor, a los gatitos que lo veían con ojos analíticos y por último, a Guillermo. Luis repasó en su cabeza todo lo que pasó. Hace un momento se encontraban en un restaurante y él estaba feliz de estar con Guillermo, ya que todo se pintaba de rosa cuando él estaba cerca, pero después llegó Maya y explicó que Lau perdería 16 años de memoria, para después, por lo que parecen delirios de persecución, Maya los transportó a la casa del mejor amigo de Lau, que al parecer también es brujo y ahora, para agregar más sal a la herida, Lau había dejado ir a un gran amor para poder cuidarlo, por lo que si quería salvar su memoria, él tenía que sacrificar algo de igual valor… Todos estos pensamientos lo golpearon, dieron círculos en su mente y, como el chico de 16 años que Luis era, perdió la razón y su mente se nubló.
Maya abrió sus ojos, dándose cuenta del cambio en el temperamento de Luis. Guillermo, quien comprendió la nueva información, se preocupó e intentó acercarse a Luis, pero Maya lo detuvo con un breve movimiento del brazo y le susurró “Espera”
El aire se tornó denso, ráfagas de viento comenzaron a dar vuelta por toda la casa de Víctor mientras Luis, fuera de sí, comenzó a decir “Todo esto es culpa de ustedes”
Guillermo abrió sus ojos como plato ante la sorpresa de escuchar a Luis y respondió “Pequeño, no, no es así” pero Luis siguió “Todo estaba bien antes de conocerte, todo era normal antes de salir contigo”
Sombras empezaron a formarse abajo de Luis, la luz empezó a verse opaca y el aire cada vez era más difícil de respirar. Guillermo, preocupado por Luis, volteó para ver a Maya y preguntó “¿Qué puedo hacer? No sé qué le está pasando, ¿cómo lo ayudo?” A lo que Maya, tranquila, respondió “Es un chico de 16 años que acaba de descubrir que su mamá perderá 16 años de memoria y que para salvarla debe despertar un volcán.” Maya se detuvo un segundo, alzó su mano en dirección a Luis y dijo “Está teniendo una crisis emocional y está bien. Lo que necesita es ir a casa.”
Luis se encontró rodeado de sombras tan oscuras como la noche, pero Maya utilizó su magia y el aire se tranquilizó, las sombras desaparecieron y Luis cayó dormido al suelo, por lo que Guillermo corrió a su lado y le detuvo su cabeza antes de que ésta golpeara con el suelo.
Maya se acercó caminando lento y dijo “Si Luis decidiera ser brujo, podría volverse muy poderoso.” Guillermo se sorprendió y preguntó “¿Luis estaba haciendo magia?” A lo que Maya respondió “No, pero la magia alrededor de él estaba reaccionando a sus emociones. Guillermo, por favor, llévalo a casa, le hará bien dormir y estar con Lau.” Dicho esto, Guillermo cargó a Luis con sus dos brazos y se despidió, volando directo al Jardín Amarillo.
Víctor se acercó a Maya y preguntó “¿Qué pasará con Lau?” A lo que Maya sonrió respondiendo “Estará bien, Luis hará lo que deba de hacer, lo sé.” Víctor se relajó y dijo “¿Un clericot?” “Sí, es justo lo que necesito. Me leíste la mente.” Respondió Maya.
Guillermo fue volando, con Luis en sus brazos por toda Morelia, que a pesar de ser temprano, el sol se había ocultado en nubes cargadas de lluvia, hasta llegar al Jardín Amarillo. Guillermo decidió ir a la puerta principal de la casa para tocar el timbre. Lau abrió y se espantó al ver a Luis entre los brazos de Guillermo, por lo que preguntó qué había pasado e indicó que lo dejara en el sofá. Una vez dentro, Guillermo le contó lo ocurrido, a lo que Lau se preocupó por las emociones de Luis y dijo “Maya, Víctor y tú me caen bien, y aprecio la intención, pero, de verdad están bien tontos.” Ella se levantó y se fue a la cocina, donde abrió el refrigerador para sacar su café capuchino frío enlatado y se lo tomó. “Yo estaré bien, de verdad, no tienen nada de qué preocuparse.”
Justo en ese momento, Luis se despertó, exaltado. Guillermo lo tomó del brazo y le dijo “Tranquilo, todo está bien. Te traje a casa, con Lau.” Luis se quedó atónito y desconcertado. Lau se acercó corriendo y lo abrazó, por lo que Luis soltó sus lágrimas y entre su llanto balbuceó “Lau, m-me dijeron q-que dejaste ir a-al amor de t-tu vida por m-mi culpa y” se detuvo Luis para recuperar aire y continuó “que perderás t-tu me-memoria”
Lau lo abrazó fuerte, Guillermo también lo quería abrazar pero decidió darles espacio, Lau lo vio y le pidió de favor que prendiera la cafetera. Después, se separó de Luis, lo agarró de sus hombros y le dijo “Mi niño, todo está bien, tranquilo. Ven, nada que una buena taza de café con galletas no pueda solucionar.”
Ambos se levantaron y se fueron a la mesa donde se sentaron en las sillas libres. Lau le indicó a Guillermo dónde se encontraban las galletas, el azúcar y la crema. Luis empezó a tranquilizarse y le preguntó a Lau “¿Por qué nunca me contaste de tu amor?” A lo que ella respondió “Porque eras muy pequeño para entender todo esto. Quería que disfrutaras tu infancia”
La cafetera terminó, por lo que Guillermo buscó tazas en las 9 gavetas de la cocina hasta encontrar tres, las llenó de café, las llevó a la mesa y después se sentó al lado de Luis, quien no le había devuelto la mirada.
“¿Y aún te gusta?” Preguntó Luis, a lo que Lau tomó unos segundos para agarrar su taza de café, agradeció a Guillermo por prepararlo y lo probó. “Vaya, qué buen café,” Luis se desesperó un poco y volvió a preguntar, por lo que Lau lo volteó a ver, sorprendida por la insistencia de Luis y respondió “Sí, sí me gusta. No hay día que no lo extrañe. Pero, eso no significa que no haya aprendido a amarlo de esta manera.” Luis se confundió y preguntó a qué se refería, por lo que ella continuó “Me refiero a que, aprendí a amar los recuerdos, a aceptar que él no es mi futuro y que eso no disminuye ni cambia en lo más mínimo, que lo que vivimos, lo vivimos bien. Y eso es suficiente.”
Luis, con ojos tristes preguntó “¿Cómo sabes que eso es suficiente?” A lo que Lau decidió tomarle las manos a Luis por encima de la mesa y respondió “Cuando conocí a Miguel, al principio lo rechacé porque era todo un patán. Yo estaba en Puerto Vallarta con mis amigas, como recién habían dejado a mi amiga Margarita, nos compramos los mejores bikinis más reveladores que encontramos, nos pusimos en la dieta más estricta y nos fuimos de viaje.” Contó Lau con un brillo de nostalgia en sus ojos, soltó de una mano a Luis para agarrar su taza y tomó café. “Era un viaje de amigas y un día, estábamos en la playa con unos bombones que nos habían invitado los cócteles, cuando pasaron Miguel y sus amigos, se fijaron en nosotras, y quién los iba a culpar, nos veríamos hermosas. El valiente de Miguel se acercó a mí y me preguntó si no quería ir con él y sus amigos a una fiesta.” Lau tomó otro sorbo de café y continuó “Yo le dije que no, que venía con Julio. Al escuchar esto, Miguel lo señaló y dijo que no me fuera con ese aburrido, que él era más guapo. Yo me enojé de su actitud y me fui con el aburrido, lo besé y le dije que prefería aburridos a que payasos engreídos.“ Lau se detuvo porque se rió junto con Luis y Guillermo, quienes estaban atentos escuchando. Lau recuperó la respiración y continuó “Durante ese fin de semana, me encontré a Miguel por todas partes y cada que lo veía, ponía los ojos en blancos, él me saludaba y yo le gritaba ‘¡Adiós, payaso!’ Hasta que un día, me lo encontré usando una nariz roja y llevaba colgando una cartulina en la que escribió ‘Payaso arrepentido’ así que me acerqué a él, lo disculpé y como sí estaba muy guapo, le robe un beso.” Luis y Guillermo abrieron los ojos como platos y Lau les dijo “Ay, que ustedes sean bien aburridos es diferente, si supieran todo lo que me divertí de joven, se infartan.” Guillermo rió y Luis respondió sonrojado “Ay, Lau, pero entonces ¿qué pasó? ¿qué tiene que ver esto con mi duda?”
Lau se sirvió más café y prosiguió “Me volvió a invitar a salir, pero ese día fue mi último en Puerto Vallarta, lo rechacé pero le dije que si un día iba a Morelia era bien recibido.” Guillermo preguntó “¿Y sí vino a Morelia?” A lo que Lau sonrió y respondió “A las dos semanas me lo encontré en el concierto del piano en el centro, en cuanto lo vi, fui hacia él y le robe otro beso. Desde entonces, empezamos a ser novios, yo tenía 21 y él 25. Claro que él seguía viviendo en Puerto Vallarta, por lo que, eventualmente tuvimos problemas. Pasaron 3 años y yo estaba enamorada, pero no tonta, así que cuando él me pidió mudarme con él allá, le respondí que ni loca, tenía como 24 años, no quería casarme, menos mudarme por un hombre. Le dije que yo estaba bien como estábamos, pero él propuso que entonces él se mudaría acá, que compraría una casa y nos mudaríamos juntos. Yo le dije que estaba loco, yo vivía con mi hermana y no pensaba mudarme con un hombre sin casarme, porque en esas épocas, significaba que ya me iba a quemar en toda Morelia, y ya lo estaba pero, prefería estar quemada por divertida que por aburrida. Así que…” Luis preguntó qué pasó a lo que Lau continuó “Un día del fin que me fue a visitar, íbamos caminando por la zona romántica, cuando me pidió matrimonio.”
Luis y Guillermo se hicieron para atrás, mientras que por abajo de la mesa, Guillermo buscó la mano libre de Luis y la agarró. En ese momento Luis se sonrojó y esbozó una sonrisa involuntaria. Lau se dio cuenta, sonrío y prosiguió “Pero, yo no quería casarme, así que, con todo el dolor de mi corazón, le insistí que no teníamos que casarnos, que para mí era suficiente estar como estábamos. Él se puso triste, pero lo comprendió. Pasó un año y seguimos juntos, pero ya no era lo mismo para él. Mi hermana conoció a tu papá, se casaron y yo me quedé sola, pero no lo invité a mudarse porque sabía que eso significaría que él me pediría volver a casarnos. De alguna forma, siempre supe que teníamos fecha de caducidad por lo mismo, no porque yo quisiera, yo era feliz, pero él quería algo más de mí que yo no quería darle.” Tomó un suspiro y Lau continuó “Una noche llegó Maya contigo, me enteré de todo y se me hizo todo tan claro, que no haría que Miguel perdiera más tiempo conmigo. Sí, yo lo amaba, pero nunca podría darle lo que él quería y aún así él decidió seguir conmigo… Luego con el tema de la memoria, yo no podía hacerle eso a él. Así que, terminamos.” Luis y Guillermo seguían sorprendidos por aquella historia, agarrados de la mano. Lau finalizó “Por eso digo que la forma de amarlo con recuerdos es lo mejor, porque ya me había hecho a la idea años antes. Aprendí que así era suficiente.”
Luis quiso debatir la idea pero, Lau se levantó y finalizó “Así que, Luis, yo tomé mis decisiones con gusto, por que así lo quise y amé cada segundo que te vi crecer.” Luis soltó a Guillermo, se levantó y la abrazó. Lau se despidió y se subió, dejándolos solos.
Guillermo volteó y se quedó viendo a Luis. Ambos se encontraban conmovidos por la historia y, a pesar del frío del día nublado en Morelia, sentían calidez por el aroma a café que se encerró en la casa. Guillermo tomó las manos de Luis, se acercó a él y lo abrazó. Luis, quien no se esperó aquello, lo abrazó fuerte. Guillermo al momento de sentir los brazos de Luis correspondiendo el abrazó y susurró “No me gustó verte triste, menos preocupado. Lo lamento tanto.” A lo que Luis respondió “Todo lo contrario, discúlpame, no debí explotar así.”
Se quedaron un momento abrazados, hasta que el celular de Luis interrumpió el abrazo. Luis vio que Verónica lo estaba llamando, así que respondió.
“¿Qué pasó con Guillermo?” Preguntó Verónica, a lo que Luis bajo el volumen, temiendo que Guillermo escuchara y respondió “Después te cuento eso, tengo otra pregunta que hacerte.” Verónica se sorprendió ante tal respuesta y le dijo que hiciera la pregunta. Luis tomó unos segundos para aclarar sus ideas y le preguntó “siguiendo el ejemplo del helado, supongamos que te enteras que más allá del sabor, hay algo que debes arreglar antes de comprar el helado, y si no arreglas ese tema, una persona importante para ti perderá la memoria de toda la vida. ¿Hasta ahí me sigues?” “Sí, pero ¿qué debes hacer para arreglarlo?” Preguntó Verónica, a lo que Luis respondió “sacrificar algo del mismo valor. ¿Tú qué harías?” A lo que Verónica dijo “depende de quién es la persona.” Luis lo pensó por unos segundos y respondió “Si fuera yo, ¿lo harías?” A lo que ella, sin pensarlo dos veces, confirmó “Sí, mil veces sí.”
En ese momento, Luis re afirmó lo que había pensado en la mañana. Debía hacerlo, por Laura. Luis le agradeció y le dijo que le contaría bien mañana, que había mucho que debía hacer y colgó. Del otro lado del teléfono, Verónica se preocupó y trató de pensar cómo ayudar a su mejor amigo.
Luis volteó a ver a Guillermo y le dijo “Estoy listo.” Guillermo entendió a lo que se refería, lo tomó de la mano y sin decirle nada a Lau, se fueron volando de regreso a casa de Vic, donde seguían Maya y Víctor tomando clericot. Maya los recibió en la puerta, los dejó pasar y dijo “Tardaron años, pero, al final ¿qué decidieron?” A lo que Luis respondió “Que lo haré. Salvaré la memoria de Lau”
Maya sonrió, tocó el suelo, apareció un círculo morado y ella junto con Guillermo y Luis, desaparecieron. Victor se quedó viendo el espacio, Fede maulló y Víctor dijo “Sé que había botana, pero no había tiempo para eso” luego Tulipán maulló de vuelta y Víctor dijo “Sí, Fede tiene razón, fueron groseros. Llegaron sin avisar y se fueron sin despedirse.”
Luis volvió a sentir el salto del estómago, pero aguantó lo más que pudo porque no quería vomitar frente a Guillermo, aún cuando estaban viendo fragmentos de ciudades pasando bajo sus pies, pero debido a que el volcán que eligió Maya estaba lejos de México, tardaron más tiempo, lo suficiente para que Luis no pudiera resistir.
Un círculo se dibujó encima del mar en Cleveland, Alaska. El cielo estaba oscuro, el ambiente frío y el único ruido de aquel lugar fue el de Maya, Guillermo y Luis, cayendo del círculo directo al agua. Los tres gritaron del frío del mar, Maya los levantó a los tres y apareció un barco mediano abajo de ellos. Maya generó círculos de aire al rededor de los 3 hasta que estuvieron secos, después una burbuja al rededor del barco y explicó “Hace mucho frío y esta burbuja nos ayudará a mantener nuestro calor.”
Luis le costó un poco de trabajo reponerse, así que Guillermo se acercó y lo abrazó. Maya giró los ojos y dijo “váyanse a una habitación, por favor solo fueron unos segundos de estar mojados.” A lo que Guillermo sonrió y preguntó ¿Por qué no nos hiciste aparecer en las rocas del volcán? A lo que Maya respondió “y rompernos la cabeza al caer o cómo”
Luis seguía respirando lo más que podía del aroma de Guillermo, mientras él hablaba con Maya. “¿En donde estamos?” A lo que respondió Maya “En, creo le llaman Alaska” Luis se separó de Guillermo y con ojos abiertos como platos, observó el lugar, diciendo “jamás había salido del país” mientras observó el gran e imponente volcán que tocaba las nubes en el cielo. Después sintió cómo el azúcar bajó y dijo “No le avisé a Lau.” Llevó sus manos al bolsillo y sintió su celular, lo sacó y no prendió. Guillermo tomó el celular de Luis, saco el suyo también y les extrajo gotas hasta dejarlos secos. Le devolvió el celular a Luis y le sonrió. Luis le devolvió la sonrisa, sonrojado, ya que aún con tanta interacción con Guillermo, seguía emocionado con tan sólo el hecho de sentir la mirada de él.
Luis le agradeció a Guillermo y prendió el celular, encontrándose con que seguían siendo sábado a las 9 am, debido a que eran 4 horas menos que en Morelia. Después de desbloquear el celular, este empezó a vibrar por los mensajes y notificaciones de llamadas perdidas perdidas de Verónica así como de Lau y un número desconocido. Maya se acercó y le dijo “Será mejor que no respondas.” Luis se confundió y preguntó por qué, a lo que Maya explicó “lo que ella hizo por ti lo hizo por amor, sabiendo que perdería su memoria y su amor. No quiere que tú hagas algún sacrificio por ella.” Luis se llenó de lágrimas y decidió apagar su celular. Después volteó a ver el volcán y preguntó “¿Cómo lo despertamos?”
El volcán se veía impresionante, blanco en su punta y café oscuro en la parte inferior. El aire al rededor frío, la tranquilidad del lugar era irreal, el sonido del mar generó un ambiente relajado, pero Luis estaba ansioso, queriendo terminar con todo esto lo más pronto posible.
Maya le hizo una señal de que espere tantito, fue a una cabina del barco y regreso con tres mochilas. Le entregó una a cada uno y explicó “En cada mochila podrán encontrar vinagre, bicarbonato de sodio y carbón. Tenemos que hacer 3 círculos, uno alrededor del pié del volcán, otro a la mitad y uno hasta arriba.” Luis abrió la mochila y encontró 3 envases con tapa. Maya continuó “después de eso, Luis deberá estar en la cima del volcán y recitar el deseo seis veces.”
Luis volteó a ver el volcán y comentó “tengo 3 dudas Maya.” Maya asintió lista para escuchar y él continuó “Mi primer duda es, qué hago si se acaba el contenido del envase, el segundo es cómo voy a subir hasta la cima del volcán sin caerme, y por último, qué haré cuando despierte el volcán y yo esté ahí arriba.” Maya se quedó viendo fijamente a Luis y respondió “Los envases serán rellenados con mi hechizo en cuanto se vacíen, llegarás arriba con mi ayuda, podrás recorrerlo con tus tenis ya que les pondré un hechizo con gravedad atraída al volcán, así que estarás pegado como un imán.” Hizo un breve espacio y continuó. “una vez que despierte, yo debo ayudar a los Oikonos a calmar el volcán, por lo que tendrás que bajar lo más rápido que puedas. Igual si Guillermo puede ayudarte, será más fácil.” Luis volteó a ver a Guillermo y le preguntó “¿También puedes tele transportarte?” A lo que él respondió “No, eso sólo lo pueden hacer los Oikonos, pero te mantendré a salvo, tranquilo. Puedes confiar en mí.”
Maya se quedó viendo a los dos por unos segundos y preguntó ¿están listos? A lo que Luis volvió a dudar y preguntó “¿y si me equivoco? ¿No es mejor que ustedes lo hagan?” A lo que Maya respondió “Debes hacerlo tú y tranquillo, lo harás bien.” Luis volvió a ver el volcán, que le pareció más alto que cualquier volcán que jamás haya visto. Guillermo se acercó y le susurró “Tú puedes, lo lograrás.” Luis suspiró con nervios, Maya volvió a preguntar si estaban listos y ambos asintieron.
Maya tocó el suelo y 3 círculos aparecieron en el volcán. Uno al suelo, dónde apareció Maya, uno a la mitad dónde apareció Guillermo y El último se formó en la punta blanca del volcán, dónde apareció Luis.
Una vez que tocó suelo, Luis sintió el frío, la altura así como el miedo. Agarró su collar con la piedra amarilla y de un momento a otro, una chamarra cayó encima de él. Luis la agarró, se la puso y metió las manos un momento en los bolsillos de la chamarra, dónde sintió un papel del lado izquierdo, lo saco y leyó una nota escrita por Guillermo diciendo “Confía en mí.” Luis sintió el calor recorriendo sus venas, saco los envases de la mochila e intentó mantener compostura.
El viento se azotaba contra el volcán, el frío era difícil de ignorar, Luis quería ser valiente pero, cometió el error de ver abajo y sintió como el azúcar bajo en su cuerpo. Por instinto se agarró fuerte de las rocas y se alejó de la orilla. El movimiento hizo que pequeñas piedras cayeran, el aire no era piadoso y el ruido de las ráfagas no ayudaron a calmar el corazón de Luis.
Después de un momento, Luis agarró la nota de Guillermo y la leyó de nuevo, tomó valor y comenzó a rodearlo, dejando el trazo de vinagre, bicarbonato y carbón. Cada paso que daba, sentía un miedo que lo quería paralizar de pies a cabeza, pero siguió avanzando. Ya que iba algo avanzado, otra ráfaga fuerte de viento le golpeó la cara y en ese momento le surgió la idea de que quizás el viento podía borrar su trazo, por lo que espantado volteó y se dio cuenta que el viento no lo había borrado.
Maya por su parte, recorrió el pie del volcán encima de una roca voladora, por lo cual de manera rápida dejó el rastro sin problema, mientras Guillermo también se apuró y corrió rápido con apoyo de la magia, dejando el mismo rastro. Una vez que los tres terminaron, Maya apareció al lado de Luis, quien soltó un mini grito de susto, y después de disculparse, Maya le dijo que le faltaba un pequeño tramo por trazar y le gritó “Cuando termines, corre a la punta, debes recitar tu deseo seis veces antes de que pasen 10 minutos después de haber terminado el trazo. ¿Entendido?” A lo que Luis asintió y continuó marcando el trazo con sus pies que sentían la fuerza de cómo sus tenis se pegaban al volcán, mientras Maya desapareció.
Luis iba repitiéndose a sí mismo que él podía hacerlo, pero aún cuando sabía que sus zapatos tenían magia, cada paso que daba le daba miedo caerse.
Una vez que Luis terminó , sintió como alguien lo agarró de la espalda y lo cargó. Se espantó, sin embargo, Guillermo lo calmó anunciando su llegada “Disculpa, pero te iba a tomar tiempo llegar a la cima.” El frío era tan grande que Luis apenas podía decir una palabra, no sabía cómo podría recitar su deseo 6 veces si no podía formular una palabra por el frío.
Una vez en la cima, Guillermo notó que Luis estaba temblando del frío, por lo que lo abrazó y con magia, comenzó a calentarlo. “Tú puedes con esto, Luis, confía en ti. Eres valiente.” Luis se aferró al pecho de Guillermo y con voz entre cortada le dijo “T-tengo m-mie-do.” Guillermo le respondió “Da miedo, pero lo harás bien. Es por Lau, recuerda eso.” Luis empezó a llenarse de lágrimas, Guillermo lo tomó de la cabeza y le dió un beso en el cachete. Luis abrió los ojos como platos, su propio corazón latió tan rápido que su cuerpo generó calor. El mundo se detuvo por un segundo, Guillermo sonrió, le dijo “seis veces”, Luis asintió y se acercó al borde del volcán dónde se podía ver la lava al fondo. Cerró sus ojos y dijo con voz baja
“Deseo que Lau no pierda su memoria”.
“Deseo que Lau no pierda su memoria.”
“Deseo que Lau no pierda su memoria.” Al darse cuenta que no pasaba nada, repitió con voz cada vez más fuerte.
“Deseo que Lau no pierda su memoria.”
El suelo del volcán comenzó a vibrar, la lava empezó a saltar con presión.
“Deseo que Lau no pierda su memoria.” Repitió Luis con voz asustada.
Las aves al rededor del volcán comenzaron a volar huyendo del lugar, los animales se alejaron haciendo ruido que alertaron la pronta explosión del volcán.
“¡Deseo que Lau no pierda su memoria!” Gritó Luis, agarrando su collar y el volcán despertó, arrojando lava, arrojando piedras por el aire y el humo se extendió por todo el cielo. Guillermo abrazó a Luis y saltaron lo más alto que pudieron, rodeados de nubes.
Las piedras salieron volando por todas las direcciones, por lo que Guillermo abrazando a Luis, esquivó una, dos, tres piedras que salieron disparadas a su dirección. Luis se aferro a la chamarra de Guillermo, abrazándolo. El ruido de la explosión era ensordecedor, el calor que generó se hizo presente y las cenizas comenzaron a caer. Guillermo quien se enfocó en evadir las piedras, le dijo gritando a Luis “Tenemos que llegar al barco, sólo así podremos alejarnos lo suficiente en lo que los oikonos llegan y controlan el volcán.” Luis preguntó gritando “¿Por qué no nos quedamos aquí?” A lo que Guillermo respondió “No podremos respirar con tanto humo, tampoco podemos subir tanto, ya que no sé hacer un hechizo de aire respirable.” Luis asintió y Guillermo preguntó “¿Estás listo? Porque vamos a caer a más de cinco mil metros de altura.” Luis abrió sus ojos, vio al suelo y se dio cuenta de lo que aquello significaba. Se aferró a Guillermo y dijo “Estoy listo.”
Guillermo lo abrazó y le susurró “Trata de aguantar tu respiración, para que no le entre humo a tus pulmones” y dejaron de volar, se abrazaron fuerte y empezaron a descender en caída libre desde el cielo, las piedras del volcán seguían volando a sus espaldas y el humo los envolvió, hasta que no vieron nada más que oscuridad.
Parte 9: Mentira

La espera valió la pena
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