Me pregunto si habrá alguien que me está buscando en su vida como yo estoy buscando su existencia en la mía.
Sé que mi pasado fue duro como el cemento y oscuro como la noche, pero juro que mis intenciones son dulces cómo la canela en el café y que mi alma es suave como un algodón de azúcar.
Sé que mi alma puede llenar de dicha y de placer, que puede estremecer con abrazos llenos de amor, llenos de cariño hasta los huesos. Qué conmigo habrá besos de vainilla cada domingo por la mañana, que habrá aroma de hogar durante cada lluvia de verano y en cada invierno de otoño.
Por años, quizás desde muy joven, he fingido una existencia positiva, llena de sueños e ilusiones, pero cada noche de incertidumbre me pregunto si un día llegará un lazo blanco que me enseñe que el hilo rojo es una historia de fantasía para aquellos que no saben buscar el amor, para aquellos que creen que el amor debe ser perseguido para ser vivido.
Un lazo blanco que me una a una persona con un alma como la mía, que me haga vivir lo que es la cercanía en lejanía, que se deje amar tanto como yo estoy listo para serlo.
Una persona que con un simple beso pueda embriagarme de amor y con una mirada pueda saborear lo que es el deseo.
A veces me pregunto, si ya habré arruinado mi vida a estas alturas, que quizás aquella sonrisa tierna y blusa azul que conocí aquella noche de invierno, era mi última oportunidad para volver a amar, aún cuando hoy en día no recuerdo su apellido y mucho menos su nombre, pero vaya que recuerdo su mirada.
Quizás mi mente está desesperada por ser interesante para alguien, quizás mi corazón está interesado en querer ser valorado por alguien, pero el tiempo enseña y aún cuando mis decisiones me hacen crecer, me sigo preguntando, que pasaría si yo encontrara un alma como la mía.